Me siento mal y agregué pastillas a mi repertorio. Una que es enorme e intragable, pero dulce, y tiene drogas impronunciables. Las otras son las de siempre, las que ni las sentís hasta que dejás de tomarlas.
Me siento mal y quiero dejar de tomar porquerías, pero eso sólo derivaría en sentirme más mal.
Justo cuando mi única meta y toda mi ansiedad estaba puesta en estar bien.
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