miércoles 18 de mayo de 2011

Tirano

Soy una persona muy caprichosa. Muy. Tengo la inmensa suerte de trabajar y ganar lo suficiente como para hacerme cargo de mis caprichos, aunque satisfacerlos signifique no comprarme bombachas durante un mes (y eso, en mí, es una eternidad de sacrificio).
Cuando era chica no era así. Era considerada con la gente y mis intereses no eran para nada materiales. Pero crecí y descubrí lo que es tener un sueldo.
Tener un sueldo para mí era todo, por mínimo que fuera. Era poder, y no en el sentido de tener el chupetín por el palito, sino en el sentido de ser capaz. Poder adquisitivo, poder adquirir, poder.

Dicen que todos tenemos un niño interior. A mi niño interior le encanta jugar, sobre todo a cambiar de roles. ¿Será por eso que es niño y no niña? ¿Será que no tiene nada que ver con la niña que fui? ¿Será por eso que ahora me exige que deje los caprichos de lado?
¿Será ése otro capricho?

1 comentarios:

Vicky dijo...

Nadie dijo qe ser caprichoso sea algo malo, tal vez encapricharse sirva para ganar algo.